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viernes, 1 de mayo de 2020

THE WITCHER: UN RELATO ESTILO LEGEND OF THE SEEKER EN UNA ATMÓSFERA TOLKIENSE



Legend of the Seeker (La Leyenda del Buscador, 2008) y El Señor de los Anillos serían los títulos clave que a mi juicio definirían a esta inusual epopeya fantástica producida por Netflix, basada en las novelas de Andrzej Sapkowski sobre el mago errante Geralt de Rivia. Ésa es, al menos, mi opinión personal tras haber visionado el primer episodio de esta serie que se estrenó en diciembre del año pasado.  He decir que mis intenciones de verla se basaban en el tráiler y también en las críticas generalmente positivas que ha recibido la propuesta, aparte ya de mi inclinación natural hacia la fantasía, la épica y la ciencia ficción. Dado que aún desconozco el alcance real de la primera temporada, no es mucho lo que puedo decir. Antes que nada, reconocer que previamente a redactar esta crítica he leído al menos otras dos  y que he podido comprobar que, si bien la serie ha sido bien recibida, he observado una división polarizada de reseñas: los que alaban la adaptación y los que la califican como "mala" o mediocre. Adelanto que mi intención no es posicionarme ni con los primeros ni con los segundos; me sitúo en un punto intermedio, en la piel de alguien a quien no le ha desagradado el episodio piloto, pero al que tampoco le ha acabado de convencer todo lo que ha visto. 

Vayamos por partes. Otros críticos han comparado The Witcher con Game of Thrones, Embrujadas o incluso con Buffy Cazavampiros. En mi caso, yo añadiría como posibles referencias Legend of The Seeker y el Señor de los Anillos, ya que sólo se puede comparar aquello que se conoce de antemano y, además,  existe una tendencia abusiva a comparar todas las series fantásticas con Game of Thrones, lo que provoca que casi siempre las más recientes salgan muy malparadas. No se puede negar que The Witcher tiene sus similitudes, pero sobre todo se trata de semejanzas ambientales y no de fondo. La de Netflix no es Game of Thrones ni tampoco pretende serlo, porque ya la historia es diferente y sus  focos de interés son otros. No es un reflejo subliminal fabuloso, vestido de Medievo, de la actual sociedad política, sino un relato más íntimo. Una historia  centrada en un anti-héroe más que en un héroe. 

En resumen, una versión desencantada y pesimista del clásico viaje del héroe que se puede hallar en la literatura fantástica, con sus errores y sus aciertos. Acierta al desviarse de lo tradicional, y también de lo más moderno, aunque su puesta en escena no sea tan conmovedora como otras, porque la acción a bocajarro  está ya demasiado vista y sus primeras imágenes dan a intender una idea que no armoniza del todo con la calma que se sucede a continuación y que se extiende a lo largo del episodio, salvando la batalla con los nifgardianos y la huida de la princesa Ciri.  Tampoco llega a convencer el romance entre Geralt y Remfrey, porque parece un mero relleno y la hechicera cae vencida sin apenas haber aportado nada más al elenco que una escena sexual. Y la trama de la aprendiz que quiere acompañar al brujo es sólo humo, un planteamiento que parece borrado y corregido a última hora por excesiva semejanza con otras ficciones, como lo era la alianza entre El Perro y Arya Stark en Game of Thrones o la de la niña y el druida celta de la serie Britannia

Todo ello da lugar  a un piloto  confuso y algo deslavado, dando la impresión al espectador de que The Witcher no sabe lo que quiere ni hacia dónde se dirige. Parece el viaje de un brujo cazador de monstruos perseguido por su propio destino, pero un destino que no se vislumbra, del mismo modo que tampoco cuál es la batalla entre el bien y el mal ni dónde ésta tiene lugar. Los flashbacks no se diferencian de la acción real y convendría que los hubieran sabido distinguir, porque no basta con un primer capítulo para conocer a los personajes o recordar sus nombres.

Y si el guión parece improvisado, aún más las interpretaciones, el vestuario o la ambientación, que tampoco brillan, y entiéndase literalmente, porque si algo le falta a esta serie es un poco de color: la mayor parte de la acción transcurre en ambientes insípidos, lúgubres y oscuros que poco o nada llaman la atención.  Los escenarios recuerdan vagamente a El Señor de los Anillos, aunque sin lustre. El vestuario me ha parecido pobre para una producción de este calibre. Aquí se puede argumentar que estamos en una fantasía y que por tanto no hay reglas, sólo imaginación, pero es que ¡los vestidos ajustados  de lentejuelas no encajan en absoluto en una hipotética Edad Media! Respecto a los diálogos, ocurre lo mismo: carecen de carga emocional. Su irrelevancia ha hecho que no les prestara mucha atención, además de que se me han antojado escasamente maduros para una producción que quiere ser más adulta y emular, en eso sí, a la gran Game of Thrones, porque juvenil no es, o no tiene intenciones expresas de serlo. Hay quien la tilda de infantil, de adolescente, pero normalmente cuando una serie está destinada a un público juvenil recurre a protagonistas con ese rango de edad, y Geralt de Rivia está más cerca de los cuarenta que de los dieciocho. En ese sentido, creo que The Witcher pretende enganchar a una audiencia amplia, variada y exigente, ofreciendo una mezcla de entretenimiento y emociones desmarcándose un poco de la vieja usanza, aunque con más ambición que pasión.

Para finalizar, concluiría diciendo que The Witcher es un relato al estilo de Legend of the Seeker  o de Merlín, aunque en versión adulta, inmerso en una atmósfera tolkiense. Una serie sin una clara hoja de ruta  que no está a la altura de otras de su género en muchos aspectos, pero que es aceptable dentro del catálogo de Netlix, que ya es bastante decir. Gustará a los amantes más incondicionales de la fantasía épica, siendo para el resto un producto de entretenimiento más, de calidad media pero apto para una tarde libre en la que no se tenga nada mejor que hacer. 

Calificación (sólo capítulo piloto): 6'5



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Philosophic Dragon




martes, 7 de abril de 2020

LA CASA DE PAPEL: LOS ATRACADORES DE MONO ROJO VUELVEN A NETFLIX PARA AMENIZAR ESTA CUARENTENA




Los ladrones de guante blanco más famosos de todos los tiempos han regresado ya a Netflix esta semana para amenizar un poco estos días tan duros de cuarentena. Arranca así la cuarta temporada (o segunda temporada, parte B) de La Casa de Papel, con ocho nuevos episodios que ya están disponibles bajo demanda en la citada plataforma desde hace sólo unos días, y lo hace con grandes dosis de tensión entre nuestros atracadores. Y es que era algo inevitable tras comprobar, por una parte, el desenlace de Raquel Murillo, alias Lisboa, y Sergio Marquina, El Profesor, después de que unos granjeros los descubrieran y ella fuera capturada por la policía y, por otra, la sutil artimaña de Alicia Sierra, que finalizó con una Nairobi herida de muerte.

Sergio logró zafarse de sus captores, aunque muy por los pelos, totalmente convencido de que su amada había sido ejecutada tras escuchar ese horrible disparo que no fue sino el mismo gol pero esta vez en propia puerta. Le habían engañado, y como sucedió en la primera ocasión durante el asalto a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, el amor ha sido lo que una vez más ha contribuido a descompensar aún más la delicada balanza. Los intermitentes flashbacks dejan ver que, meses antes del golpe, los planes no discurrían por tan buen cauce como a ellos les hubiera gustado: Palermo, jefe de la operación, no era tan de fiar y claramente no sustituye a Berlín, por más que se declare fiel al plan original, algo que ya de poco les vale a Tokio, Río, Denver, Estocolmo y compañía, que ahora actúan con más improvisación que la otra vez y quienes también se encuentran más solos que nunca debido a la indisposición de Nairobi y a las dificultades de Sergio para controlar mediante videocámaras y otros artilugios los movimientos en el Banco. Lisboa, entretanto, está retenida y siendo sometida a un constante interrogatorio por Alicia Sierra y, por si eso fuera poco, ahora se ha sumado un traidor  entre los rehenes y Arturo continúa creyéndose el recluso salvapatrias por excelencia. 

A semejantes problemas hay que añadirles el componente humano, algo que La Casa de Papel no ha descuidado nunca: la historia, las experiencias y los sentimientos de sus personajes, que antes que atracadores son personas que luchan en la cuerda floja buscando un futuro prometedor tanto para sí mismos como, si cabe, para el resto de la sociedad. De hecho, tenían millones y parte de ellos volaron en picado desde un dirigible inundando de esperanza  las calles de Madrid y el corazón de los más económicamente desfavorecidos. Algo sorprendente porque la serie ha convertido a propósito a los malos de una película en los héroes del país, en los guerreros de la crisis financiera, demostrando que las autoridades políticas y los cuerpos policiales esconden muchos más secretos y son la personificación de la corrupción, los que aseguran obrar en defensa del bien común cuando en realidad lo hacen en nombre del poder. 

En mitad de la vorágine de la quiebra del golpe maestro, observamos cómo Tokio y Río, de forma paralela a Estocolmo y Denver, afrontan una crisis matrimonial derivada de la situación en la que se han involucrado y que amenaza por momentos su felicidad. En estos instantes tan complicados, deben dejar de lado sus sentimientos, a pesar de que no pueden ni se sienten capaces, y es que el enemigo ha percibido en ellos esa debilidad y trata de dividirlos, porque sabe que juntos son más fuertes. Mientras tanto, Nairobi, que había perdido los nervios con Alicia y había caído en su manipulador chantaje psicológico -la posibilidad de recuperar la custodia de su hijo-, se debate entre la vida y la muerte, con Helsinki, Bogotá y los demás decidiendo si les conviene extraerle la bala del pulmón ellos mismos o arriesgarse a desviarse aún más de la operación; y Río atrapado entre las dudas que suscitó su tortura  y convertido en sospechoso de traición, al tiempo que Alicia sugiere a Lisboa la colaboración secreta del chico...

La serie tiene razón en dos cosas: es peor el enemigo invisible que al que sí puedes ver, porque el miedo y las emociones son justamente el único factor, la única carta, que no han barajado nuestros personajes. Su primer golpe en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre fue casi perfecto, pero han olvidado que de los errores también aprenden sus enemigos, y que las partidas de ajedrez no son sólo cálculos matemáticos, sino también pura psicología. 

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Post by Philosphic Dragon


viernes, 10 de enero de 2020

THE SOCIETY ¿LA SUCESORA DE THE 100? CRÍTICA Y ANÁLISIS



Durante estas últimas Navidades tuve la oportunidad de reunirme con mi familia y hablar con tíos y primos a los que no veía desde hacía mucho tiempo. Fue una sorpresa que el tema de conversación dominante durante buena parte de las cenas lo constituyeran precisamente las series de televisión, aquellas que hemos visto, las que más nos han gustado, los personajes mejor construidos, etc. Como si aquélla fuera una reunión de seriéfilos, no dejaron de citarse algunos títulos, algunos ya muy conocidos. El que más protagonismo se llevó fue sin duda The 100, porque más de uno la ha seguido, o se ha quedado por la cuarta temporada, esperando que otro le eche una mano y le pase los episodios de las dos restantes. Pero, entonces, alguien interrumpió y me preguntó si conocía The Society, a lo que respondí negativamente. Enseguida mi interés se deslizó hacia esa nueva propuesta de Netflix, y lo poco que pude saber es que se trataba de una serie de misterio, mezcla de ciencia-ficción y terror, en la que unos jóvenes estudiantes que regresaban a su ciudad al ser cancelada una excursión, se encuentran de pronto solos y aislados, en un West Ham que se parece mucho a su hogar, pero en el que todos sus parientes, amigos y familiares se han volatilizado como por arte de birlibirloque. Enseguida me apunté este ficción en mi agenda mental de series, y no ha sido hasta esta noche cuando me he decidido a  visualizar el capítulo piloto.

Lo primero -que es de agradecer- que me ha llamado la atención es que el primer episodio va directo al grano. No se enrolla como las persianas, sino que plantea en pocos minutos el dilema al que se enfrentan estos doscientos adolescentes. El misterio se nos presenta mucho antes que los propios personajes, porque algo sospechoso está ocurriendo en West Ham: primero un extraño y repentino  hedor nauseabundo que se ha propagado por todo el pueblo, después, unos insólitos graffiti en la fachada del instituto y, para rematar la faena, la desaparición de todos los adultos y la ausencia de telecomunicaciones y conexión web. Los chicos pueden efectuar llamadas, pero el rango de cobertura es muy reducido y, para más inri, la pequeña ciudad no es igual a como ellos la había dejado, puesto que algunas viviendas no existen, y más allá tan sólo se extiende una vasta superficie forestal que parece no tener límites. Sólo ya eso podría considerarse cierta garantía de éxito, ya que es habitual que otras ficciones de corte similar tiren por exceso de la teta hasta que ya no hay más leche que exprimir, haciendo que lo verdaderamente interesante no se resuelva jamás o que el primer episodio se acabe justo cuando parecía que atisbaba la chicha que da sentido a la historia. 

De entrada, todo esto obliga a los alumnos a pensar como nunca antes lo habrían hecho. Por ejemplo, esta es la primera vez que tienen que dejar a un lado los teléfonos inteligentes y que la tecnología es incapaz de solucionar sus problemas más inmediatos. Sólo importa una cosa: sobrevivir. Sobrevivir es lo único realmente importante en esta situación, aunque al principio parezca divertido ser libres y soberanos de toda La Tierra, si es que es la Tierra el planeta que siguen pisando; aunque sólo se percaten de ello al ser conscientes de su propia vulnerabilidad, al ver a una de sus compañeras fulminada por un shock anafiláctico que se podría haber evitado si hubieran dispuesto de las medicinas o de la formación clínica adecuada. 

The Society traza una retrato bastante verosímil de la juventud actual, ésa tan apegada a las redes sociales y cuyo comportamiento despreocupado y rebelde, junto con su adicción a las nuevas tecnologías, preocupan a los padres de hoy. La serie pone a prueba a esta muchedumbre de incrédulos teenagers desafiando su pensamiento, sus habilidades y destrezas para convivir y formar una comunidad, y es que de eso va precisamente la homóloga de The 100 de Netflix. La supervivencia y los dilemas morales y políticos están a la orden del día. Se habla de democracia, de autoridad, de socavar viejos valores para implantar otros nuevos, que al final siempre acaban dando al traste, porque la sociedad heredera de sus padres pretende fundar un nuevo imperio con los mismos cimientos que el anterior. 

El equipo de guionistas sabe qué quiere plantear, aunque no sé si tendrá tan claro cómo resolver el entuerto sin darnos largas. Cada episodio termina con interrogantes que piden a gritos ser resueltos, y eso es suficiente aliciente como para seguir enganchados capítulo tras capítulo. Los espectadores conocemos las reglas del juego y sobre qué pilares se han edificado, pero la sombra de The 100 es ya muy alargada. La premisa atrapa, la duración no es excesiva y es una serie que cuece el misterio a fuego lento, pero que no se erige como novedosa con el longevo drama post-apocalíptico de The CW proyectándose  a sus espaldas. Aquí cabe señalar que hay puntos de convergencia, pero también diferencias. La puesta en escena del 1x01 de The 100 era más atractiva, porque Clarke era la que inicialmente relataba lo sucedido tras el apocalipsis nuclear a los supervivientes. Esa narración tan bellamente musicalizada, cuando se revisita, se vuelve épica, y es que no hay nada tan poderoso como una buena historia, parafraseando a Tyrion Lannister en Game of Thrones.

 En The Society no está claro quiénes son los protagonistas principales. De hecho, la ficción introduce un sinfín de estudiantes, pero es harto complicado mirar más allá de Cassandra y de su hermana pequeña, una dinámica que nos recuerda a la que existe entre Bellamy y Octavia Blake. Sin embargo, los delincuentes de El Arca eran algo más adultos que sus homólogos de The Society, que parecen chicos y chicas de 15 años, y estaban mejor preparados para sobrevivir en entornos hostiles. Los actores también me han resultado mucho menos carismáticos que Eliza Taylor, Bob Morley, Marie Avgeropoulos y compañía, y sus diálogos, tan simples y poco creíbles, tampoco han contribuido a identificarme con ninguno de ellos. 

Todo lo demás, discurre de forma similar a como lo hizo en el piloto de The 100: los supervivientes forman grupos y algunos están más preocupados de disfrutar de su nueva libertad -y ya de paso, de no compartir, de no respetar a nadie y hacer lo que les venga en gana- que de buscar la forma de aprovisionarse, gestionar los recursos o averiguar lo que ha sucedido, entre otras cosas,  surgiendo así las rivalidades entre facciones, sin que falte el líder matón de turno. La hermana de Cassandra se pregunta a sí misma mientras saquean el supermercado quién es ella y qué papel juega en esta historia, reflexiones que difícilmente veo en boca de una adolescente de ¿14 años?. También considero forzada la accidental mordedura de serpiente, porque lo primero que haría cualquiera que está en los lindes de un bosque es mirar al suelo y cerciorarse de dónde pone los pies, e incluso me parece atrevido que alguien más joven e inexperto desafíe a Cassandra, que es la mayor, sólo porque nadie la ha votado como líder. En una situación de ese calibre lo habitual sería confiar en quienes poseen más conocimientos, y que cualquier petición, sugerencia o aportación individual sea bienvenida pero, de nuevo, son jóvenes púberes que no están preparados para encarar estas dificultades, así que es fácil que a la mínima se les vaya el asunto de las manos. 

En resumen, The Society no es un mero copia y pega de The 100. Tiene personalidad y madera para hacerse un hueco entre las grandes, pero también varios elementos y situaciones que guardan estrechas similitudes con su homóloga de ciencia-ficción y que le restan algo de atractivo. Inquieta, pero no sorprende. Su propuesta no parece, ni de lejos, tan arriesgada como lo fue en 2014 The 100. Tampoco su factura técnica es deslumbrante. Su influencia es más que evidente: es una combinación de "El Señor de las Moscas" con The 100 y Lost (Perdidos). Aún así, la serie cautiva y mantiene viva la llama de la incertidumbre del televidente y eso ayuda a continuar viéndola. Por alguna razón ha sido renovada para una segunda temporada, que seguramente verá la luz en mayo, y es que Netflix ha apostado por lo que tiene tirón ahora mismo. Personalmente, no creo que vaya a superar la originalidad y el ingenio creativo de The 100 sino, en todo caso, a  aspirar a un puesto paralelo o ligeramente inferior. La recomiendo porque la considero una serie interesante y de autocrítica de la sociedad actual, una serie que invita a reflexionar, con un punto de partida cautivador, pero que espero que evolucione y que haga crecer y madurar a sus personajes y, muy especialmente, que expanda su universo y haga plantearse a esos muchachos investigar los alrededores de ese bosque infinito. 

Puntuación (sólo el capítulo piloto): 6 de 10



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Post by Philosophic Dragon


viernes, 8 de noviembre de 2019

"SEE", EL ESTRENO FUERTE DE LA NUEVA PLATAFORMA DE STREAMING DE APPLE


Recientemente se ha sumado una nueva plataforma de streaming al gran emporio de  HBO, Netflix y Amazon Prime Video, Apple TV que, en su debut, ha sido la responsable de financiar y emitir un nuevo producto que aspira a llenar el vacío dejado por Game of Thrones y a erigirse como uno de los estrenos más potentes del otoño, junto con Watchmen (HBO) y la próxima The Witcher, que lanzará Netflix a partir del 20 de diciembre. Se trata de See, una serie de ciencia ficción protagonizada por el que quizás se ha convertido en uno de los actores más populares del momento, Jason Momoa, a quien conocimos como Khal Drogo en Game of Thrones, y como Declan Harp en Frontier.

La serie de la franquicia de la manzana plantea un mundo post-apocalíptico distópico en el que la mayor parte de la población humana ha sido aniquilada por un virus letal, que únicamente ha dejado cerca de 2 millones de supervivientes, los cuales han tenido que pagar un alto precio: la pérdida total y absoluta de su capacidad visual. Nos situamos en un mundo de invidentes donde lo extraño es precisamente normal, y donde lo habitual se convierte en algo extraordinario. Estamos ante un relato que nos recuerda vagamente a la Prehistoria, así como a otras propuestas seriéfilas destacadas, tales como la ya citada Game of Thrones, e incluso The 100, con una maravillosa fotografía y memorables paisajes y escenarios, que contrastan con la negrura y frialdad en que se desenvuelven sus protagonistas. 


La serie toma prestados algunos elementos de la cultura "grounder" o "terrestre" de The 100, combinados con otros de tinte igualmente sobrenatural pertenecientes a Game of Thrones, originando un cristianismo revigorizante, donde el dios cristiano es el señor de la oscuridad y las tinieblas al que habitualmente se rinde culto, y opuesto a la herejía de la luz, que identifica a aquellos escasos individuos que han nacido con la mutación de la visión y que, por ende, son perseguidos y asesinados por un clan o grupo apodado "los caza-brujos". Todo recuerda a ese célebre "Señor de Luz" tantas veces invocado por la dama roja Melisandre, así como a "La Llama" de The 100, símbolo inmortal de la sabiduría de los comandantes. 

Todo ello se superpone a los últimos clanes humanos de la Tierra, uno de los cuales es el de los Alchenny, al que pertenece su líder y protagonista Bava Boss (Jason Momoa) quien, mientras lucha contra sus adversarios, los "caza-brujos", para proteger a su familia, ignora que su mujer, una foránea de oscuro pasado, ha dado a luz a dos gemelos videntes. La omnipresente amenaza de los fanáticos, cuyo clan reside en una antigua central hidráulica, gobernada por una reina -de nuevo, como en Game of Thrones y The 100, las mujeres al poder- víctima de conspiraciones palaciegas, y la aparición de un misterioso amuleto legado por un desconocido vidente llamado Jerlamaral, propician el repentino éxodo de los Alchenny, que tratan de buscar un nuevo hogar. 

Y, si bien esto es lo que ofrecen los 56 minutos de duración del episodio piloto -y aún es pronto para vislumbrar el verdadero espíritu de esta ficción-, la serie ya deja muy claro que no se centrará precisamente en esa huida. En ese sentido, See no es una epopeya de supervivencia al uso, sino que plantea un interesante diálogo entre hombre y naturaleza, convirtiendo a éste en un animal vulnerable, en un elemento más de ese paisaje, a merced de la inmisericorde madre Tierra. Eso sí, con pinceladas de magia y fantasía por el camino, reforzadas por un apartado técnico y una factura espectaculares.   

El futuro de la humanidad es negro: la pérdida de su sentido más agudo y desarrollado ha propiciado un retroceso tecnológico que ha derivado a su vez en la génesis de una cultural tribal fuertemente tradicionalista, arraigada en la superstición y las costumbres. La paradoja de que esta serie pertenezca al género de la sci-fi se da por el hecho de que aquí ya no hay ciencia que explique el mundo. Hasta el presente, el conocimiento científico constituía un  motor de progreso social y tecnológico, un monstruo imparable que ha terminado fagocitando a sus propios creadores y que se ha revelado inútil contra una enfermedad que no tenía cura, lo cual ha provocado rechazo e incredulidad entre los supervivientes. 

La ciencia siempre se ha caracterizado por su empirismo: cualquier fenómeno se investiga siempre desde una perspectiva empírica, donde la visión juega un papel fundamental, junto con el resto de sentidos. Se debe demostrar aquello que no está demostrado, percibir lo imperceptible a través de métodos de validez universal para comprobar su existencia. La serie refleja muy bien la incapacidad del ser humano para explicar su mundo por medio del sentido de la vista. Es entonces cuando el espectador se percata de la importancia que ésta ha tenido para el desarrollo de la humanidad, y de la desnudez mental que su ausencia ha provocado, a la vez que se cerciora de su innegable primacía a la hora de juzgar y proporcionar información, información que no siempre representa la esencia total de lo percibido, llegando a ser, muchas veces, incluso superficial. 

Frente a ella, los sentidos del olfato y el oído han cobrado especial protagonismo y, como resultado de esa carencia, se han agudizado. Nuestros protagonistas no ven, pero pueden oler, oír y sentir. Aquello que no puede ser detectado a través del olfato, el oído, el gusto y el tacto es irrelevante, extraño, e incluso mágico. Lo estético, las formas, las apariencias, sólo constituyen una parte del ser, pero no todo el ser en su conjunto, y aquí ya no tienen cabida. Conceptos subjetivos como la belleza están en las antípodas del pensamiento del clan de los Alchenny y de sus enemigos. La escritura reverbera como un lejano eco del pasado. Se debe ver para creer y, sin embargo, la imposibilidad de ver es el factor que explica este renacimiento cristiano: ver impide creer en lo que no se ve y, no ver, implica creer en lo que está allende del resto de capacidades sensoriales del individuo. Sólo así se explica ese ambiente religioso que impregna la serie, esa atmósfera sobrenatural y misteriosa, reforzada por las inclementes fuerzas de la naturaleza, como la lluvia y la niebla, la fuerza del río que se apresura a escapar de su accidentado cauce, como un prisionero que huye de su mazmorra... y que es inherente a todos y a cada uno de sus personajes. 


La serie, no en vano, podría antojarse como un nuevo "Juego de Tronos", pero todo parece apuntar a que posee personalidad propia, pues ha construido un vasto mundo por explorar, con su propia mitología, sin abusar en exceso de recursos ya muy manidos -el misterio, la magia y lo sobrenatural sólo se husmean ligeramente, pero constituyen el trasfondo y no el axioma sobre el que gira la trama-. La serie invita a seguirla por la curiosidad que suscita -y, que espero, mantenga a lo largo de los próximos capítulos-. See parte de una premisa que puede conducir a multitud de posibilidades argumentales, más allá de las arquetípicas luchas por el poder y la supervivencia. Sólo el tiempo dirá si See terminará por convertirse en la nueva serie de culto de la próxima década. Creer para ver.

*Puntuación (teniendo en cuenta sólo el piloto): 9 de 10




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Post by Philosophic Dragon


'NOTHING LASTS FOREVER': THE OUTPOST, SEASON FINALE REVIEW

No. Nothing is forever, and The Outpost is no exception either. On Thursday the last episode of Talon's story was finally broadcast, be...